Hace diez años, un día 28 de mayo murió mi Loli. Comparto esto con vosotros, mis hermanos, porque sé que me entendeis.
Tuve la suerte de tener una perfecta compañera a la que sigo echando de menos.
Loli era especial. Si no, como se entiende una perra que era capaz de viajar bajo mi poncho en tren cuando estaba prohíbido sin que nadie se enterase; poder entrar al cine y ver tranquila la película mientras Loli dormía en mis piernas; o pasear por la Gran Vía de Madrid sin preocupaciones sabiendo que vá suelta a mi lado sin separarse medio metro...
Murió en mis brazos, algo que no todos tenemos la suerte de haber vivido. Fue una experiencia muy dura, pero enriquecedora. De hecho hoy, me alegro muchísimo de que fuera así. Me quedé muy tranquila porque ella se fue sabiendo que fue muy querida e inmensamente feliz.
En fin, ahora soy feliz con Minnie, aunque sé que es bastante diferente, que está algo loca y que a veces muerde a mis amigas, pero... la quiero tal como es.
Hermanos, gracias por estar ahí y quererme como soy (enferma de amor por los cánidos).
Besos a todos.
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